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September 11, recuerdo de una amiga

Hoy es 11 de Septiembre de 2009. He rebuscado entre mis diarios como una de mis profesoras de la universidad de New York nos relataba hace un año, el 11 de Septiembre de 2008 como vivió aquel día de 2001. Recuerdo que llegó tarde a clase por el acto que se celebrara en Downtown en memoria de las víctimas. Los autobuses no circulaban con la regularidad de siempre.
Cuando ella entró en el aula sofocada como solía estar, su pelo blanco, su camiseta de los bomberos de New York (FDNY), su estampado bolso colgando del hombro, como de costumbre su chapa en el pecho de Barack Obama for president, su sombrero de cuadros y cargando con la misma bolsa de siempre llena de carpetas y papers de sus estudiantes; supimos que algo la ocurría. Sin apenas tomar asiento, comenzó a relatarnos como vivió aquel trágico ataque terrorista de las torres gemelas hacía aquel día 7 años. Nos relató como el 11 de Septiembre de 2001 comenzaba con un día como otro cualquiera, dando clase en el edificio de NYU Downtown, Manhattan. Estaban dando clase en la primera planta, una profesora entró corriendo al aula diciendo: “Un avión se ha estrellado contra uno de los edificios del World Trade Center!!”. Todos los alumnos se levantaron para mirar por las ventanas. Clarice les llamo la atención y les recordó que deberían terminar su lección. A los 10 minutos, Clarece continuaba dando su lección y repasando con los alumnos algunos de sus papers cuando el ruido de la calle, las gentes gritando y las sirenas de los coches de policía empezaron a ser tan molestos que Clarice decidió asomarse a una de las ventanas. Sus alumnos no podían concentrarse tampoco distraídos por el barullo en el exterior, de modo que decidieron salir a la calle. Desde el edificio de la universidad, en Astor Place se veía con mucha facilidad y cercanía The World Trade Center. Mientras miraban hacia las torres atónitos, llego el segundo ataque. El segundo avión choco contra el segundo edificio. Clarice solo recuerda que todos quedaron en estado de shock. La gente comenzaba a gritar y a sentir el miedo.
¿Que haces en ese momento? Nos preguntaba Clarice.De repente cientos de personas comenzaron a aparecer entre las calles corriendo muertas de pánico, llevaban sus cell-phones en la mano. Parecía como si un ejército viniese hacía ellos. Eran cientos de personas que huían del World Trade Center. Les preguntaban que había ocurrido y cada persona les comentaba algo nuevo: “Han cerrado los puentes”, “han cerrado los túneles”… Todo Manhattan estaba bloqueado y nadie podía abandonar la isla, quizá solo podemos imaginarnos un momento así recordando una película de ciencia ficción. Según Clarice fue un momento que esta gravado en sus pupilas y que cerrando los ojos por una fracción de segundo es capaz de reproducir y reproducir una y otra vez. Fue unos momentos de mucha tensión que espero no volver a vivir jamás comentaba. Al anochecer de los días posteriores, se veía como bomberos, policías y gente de la construcción regresaba de la zona Cero después de pasar horas buscando gente entre los escombros. Era una imagen desoladora, llenos de suciedad, muertos de cansancio y con los rostros demacrados por la tristeza se dirigían a descansar por un rato. Entre las calles, personas desde los edificios ondeaban sus banderas y les aplaudían por su gran trabajo. Son situaciones muy especiales, que incluso solo con escribirlas y sin haberlas vivido provocan en mí un escalofrío.

Cientos de personas que trabajaban o estudiaban en Manhattan viven en New Jersey, Brooklyn, Queens o Bronx. Ellos no pudieron salir de allí y se tuvieron que refugiar en los Centros de Deporte, las universidades abrieron sus centros dando pizzas gratis y mantas para poder dormir. Clarice decía que durante esos días la gente intentaba sobrevivir y esperaban con mucho miedo el siguiente ataque terrorista. Nos contó que muchos restaurantes, bares y supermercados ofrecían su comida y bebida a todas aquellas personas. Momentos de ayuda para mucha gente. Policías, bomberos y mucha otra gente de otros estados vinieron para proteger la zona y ayudar en las labores de rescate. Clarice recuerda que la compañía Starbucks no ayudó a los ciudadanos, mientras el resto de establecimientos se pusó a disposición de cualquier persona que necesitó ayuda. Starbucks cobraba el botellín de agua a 1$.Clarice terminaba así su relato “I swear i’ll never go to Starbucks”.

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